Cova Fumada: la bomba nació aquí

La Sra. María

María Pla Segura llega a Barcelona desde su Tortosa natal en 1914 y se casó con Magí Solé. Aprovechando la experiencia de haber trabajado allí en bares de su familia, monta una “puda” frente a la playa de la Barceloneta, muy cerca de los Baños Orientales. Cansada  que los temporales de Levante  le destrozaran regularmente  la entrada del local, decide  trasladarse de ubicación abriendo  en la esquina de la calle Sant Carles con calle Baluard. Al poco tiempo se entera de que la bacaladería, que estaba a escasos metros, se ponía en venta. Era uno local ideal par a instalar cocina, pues al tener puerta a dos calles disfrutaba de una buena ventilación.

Era el año 1945 cuando la Sra. Ma ría se instala en el local definitivo que se conserva hasta la fecha. Lo que al principio se conocía cómo el bar de la Sra. Pla monta  una de las primeras cocinas de carbón que curiosamente daría origen al nombre de Cova Fumada,  por el humo que este tipo de cocinas desprendían.

La cocina de carbón permitía a los clientes, la mayoría trabajadores,  calentar su fiambrera mientras pedían su vino, acompañado de unas sardinas a  la plancha, o licores y cafés.

Magí y Palmira

La Sra. María tuvo uno hijo  -Magí Solé-  que trabajó desde de apenas los 15 ayudando en el bar. Magí se enamora de Palmira Fresquet y se casan en 1955.   Palmira era también descendente casualmente de un pueblo cercano  a Tortosa: Roquetes. Palmira se incorpora al bar a trabajar al lado de su marido Magí.

Siempre inquieto, Magí observa la gran aceptación que tienen las tapas que se ofrecen en los bares de la zona de Correos,  muchos regentados por inmigrantes andaluces y castellanos  que habían mantenido esta  costumbre tan propia de su tierra de procedencia.

Magí quería crear su propia tapa

Una tapa única que diera fama  a su local, que le otorgara    esta identidad propia. Así, en 1955 comienza a experimentar haciendo una especie de croqueta de patata que al principio no tuvo la aceptación esperada. Algo le faltaba. Comenzó a probar, a añadirle una  salsa, a acompañarla con all-i-oli,… Hasta que un marinero le llevó un chile (cayena) en polvo de Mombassa (Kenia). Esto era más fuerte que las “guindillas” que se conocían en una época en la cual todavía ni existían las patatas bravas.

¡Y acertó! Este picante africano convirtió a la croqueta en algo único que arraigó entre los clientes. El picante invitaba incluso  a retar con un  «a ver si tienes narices» entre los amigos, porque no era fácil aguantarlo sin derramar una lágrima. En seguida corrió la voz y la gente bajaba a la Cova a probarla. Los más valientes pedían la picante, unos otros optaban por la “mitad y mitad”.

¿Por qué el nombre de "Bomba"?

Cuando Magí y su madre hacían  sus pruebas, las daban a probar a la familia y vecinos. El “ex perimiento” ya con el picante africano fue ofrecido un día por la Sra. María a un vecino de la escalera de sólo 15 años: Enriquet. Cuando éste la probó, exclamó “María, ¡esto es la bomba!”   Y con el nombre de “Bomba” se quedó.

Al principio La Cova abría a todas horas y los fines de semana, después se empezó a dar comidas y desayunos de los que ahora llamamos “de tenedor”. La familia vivía en el mismo edificio y muy pronto los dos hijos de Magí y Palmira comienzan a echar una mano en el negocio familiar.

El equipo Cova: Sra. María, Palmira, Magí padre en la barra y Magí hijo y Josep María, con camareros de refuerzo, encargados de las mesas.

La misma Cova Fumada de siempre

El local mantiene actualmente prácticamente el mismo aspecto original. Parece  que no haya pasado el tiempo. Cómo mucho, alguna foto familiar o de jugadores del Barça cuelgan en las paredes y poco más.

La fama atrae a turistas y famosos, pero aquí los clientes más especiales son  los de toda la vida, los vecinos del bar que aún mantienen la tradición de “retar” a amigos y visitantes a “pedir la picante”. Ellos son parte de la historia de  La Cova, como La Cova es parte de la historia de la Barceloneta.

A los Solé nunca los ha preocupado en exceso  que otros se atribuyan el invento de la Bomba o incluso que registren la denominación, como ha ocurrido. “¡Y qué más da!” Se alegran que otros establecimientos (y compañeros) del barrio hagan su propia bomba. “Si sirve para que la gente baje a la Barceloneta y haga gasto en los bares, cojonudo”, afirma Josep María.

La continuidad está garantizada

A Guillem y Sergi, hijos de Magí, y a Laura, hija de Josep Maria, les encanta el negocio. Y lo más importante, son conscientes de lo que es y significa La Cova y saben que es necesario evolucionar, pero sobre todo  mantener el legado de su bisabuela, abuela y padres. Porque enclaves realmente auténticos como La Cova Fumada no quedan masas.

También puede interesarte

Cánovas 1929

Homenaje a toda una historia Alfons Cánovas Lapuente (4 -11-1917)

Más artículos