Ha salvado infinidad de vidas con mosquiteras

-Barcelonesa nacida en Valencia

Nacida en Valencia hace 47 años, entre naranjos y además justamente el día de las Fallas. Pero desde muy pequeña mi madre y yo nos trasladamos a Barcelona.

-Y desde muy pequeña futura bióloga

Mi vocación era ser bióloga marina. De pequeña pasaba los veranos en casa de mis abuelos, una casa muy grande con jardín y animales. Con nueve años monté una mini clínica veterinaria en un corral, donde atendía a las gallinas, conejos, faisanes y hasta las ranas del estanque. Los ratos libres los pasaba en el veterinario del pueblo aprendiendo. Siempre he necesitado entender la naturaleza para protegerla. Cuando me hice mayor, entré en la Universitat de Barcelona a estudiar biología, mientras ya trabajaba en el Delta del Llobregat como guía de educación ambiental.

-¿Qué hace una guía en el Delta del Llobregat?

Además de explicar la importancia de ese oasis para las aves, también es necesario explicar el problema que hubo en el Delta con la malaria hasta los años 60, cuando se erradicó en España. El Delta es una zona de humedales y, por lo tanto, de mosquitos; sus habitantes sufrían esa enfermedad. Incluso los carabineros destinados a las casernas de allí evitaban ir, ya que a la zona se la conocía como «el pueblo de las fiebres».

-Esa historia de la malaria en el Llobregat te marcó

Profundamente. Aquí la malaria es cosa del pasado, pero en África aún está muy presente. Esto me hizo pensar si yo podía hacer algo para intentar cambiarlo. Hice un máster y un doctorado en microbiología, pero yo quería ayudar en primera persona y sobre el terreno.

Busqué una ONG que ayudara específicamente en este tema y no encontré ninguna. Las que había, de entrada, pedían 4.000 € para ir como cooperante, aunque parecía más un viaje turístico. No me imaginaba que para ayudar te pusieran tantas pegas. Al final, las grandes ONGs se gestionan como empresas y su propio mantenimiento exige un gasto de recursos que podrían ir destinados directamente a la necesidad para la que se han creado. Pero bueno, llegan donde las pequeñas no pueden llegar. Aquella experiencia me hizo entender que los problemas ambientales tienen soluciones concretas, a menudo sencillas, pero que requieren conocimiento científico, implicación comunitaria y voluntad política.

-No te diste por vencida

Decidí crear mi propia ONG, o al principio lo más parecido a una ONG. No quería intermediarios ni grandes estructuras; quería ir sobre el terreno, ver con mis ojos y poner soluciones sencillas donde hicieran falta. Mi primer viaje a África fue en 2008.

-Nace África Stop Malaria

Simplemente llevando mosquiteras a Gambia para combatir la malaria. El primer año solo éramos dos. Al año siguiente unos amigos se suman y así cada vez fue creciendo más. Actualmente, África Stop Malaria lleva 18 años salvando vidas y ya tiene sede en Gambia con personal local que se autogestiona. Esta manera de hacer (escuchar, trabajar sobre el terreno, no imponer soluciones de despacho) es la misma que aplico ahora a todos mis proyectos.

-Mosquiteras que salvan vidas. Así de simple

Así de simple y de efectivo. Vamos a colocar mosquiteras donde viven los niños y niñas menores de 5 años y las mujeres embarazadas, que son las personas para las que contraer la malaria es mortal. Superados los 5 años de vida, el sistema inmune es más fuerte y la malaria es como una gripe fuerte; no suele ser tan mortal. Además, las mosquiteras están impregnadas con un insecticida que mata al mosquito y protege al resto de la población.

-Una mosquitera de apenas 7 € salva vidas

No somos conscientes que en nuestra mano están muchas pequeñas soluciones que, aunque parezcan simples pueden ser muy eficaces.

-De la microbiología saltas al mar

Al mar y a actividades de carácter social. He trabajado en el Raval y en la Barceloneta en temas sociales. Entré en el Centre de la Platja de 2019 a 2022, que me dio la oportunidad de retornar al mar, a la biología marina.

-Biología más de exterior que de laboratorio

Eso siempre lo he criticado. Hay que salir y que la gente sepa lo que hacen las personas científicas. Hay que acercar la ciencia a la sociedad. Cuando yo hacía la tesis doctoral con virus no veía mucho interés fuera del ámbito académico ¿Y sabes cuándo cambió este aspecto?

– Dime

Con la pandemia, cuando todo el mundo hablaba del Covid, de las PCR, de los virus y de las vacunas, como quien habla de fútbol. El tema se hizo popular, aunque, por una parte, desgraciadamente.

-Popularizar algo que puede parecer tan serio como la ciencia.

¿Por qué no? Estos temas tienen que estar fuera del laboratorio, en la calle, en las conversaciones diarias. Llevo años aplicando esta filosofía aquí: el Sant Joan Sostenible, las recogidas de residuos o los muestreos de residuos en nuestros ríos son ciencia ciudadana en estado puro. Temas como el calentamiento global o el cuidado del océano nos competen a todas las personas, y debemos tener conocimiento y opinión. No solo desde el despacho, sino en la arena.

-Y concienciación

Todas y todos somos responsables de la situación, principalmente por nuestro modelo de consumo, que nos afectará en el futuro, pero la parte más negativa de ese consumo está perjudicando ya hoy a terceras personas: millones de seres humanos en el sur global.

-Están a miles de kilómetros

Para generar un chip, para obtener la harina de pescado o la mayoría de las manufacturas que se generan para la población, se extrae la materia prima de allí ya que sale más barato. Pero se hace sin los controles sanitarios necesarios, generando contaminantes y residuos que, en primer término, afectan a las personas residentes de esas poblaciones, pero que después contaminan los alimentos que acabamos importando y consumiendo aquí.

-Viendo que nos perjudica directamente a nosotros nos puede sensibilizar más

Si para concienciarnos hay que decir: «Ojo, que no solo se infectan las personas de allí, también te afecta a ti», pues habrá que decirlo. Por eso en mis proyectos siempre incluyo la mirada global: lo que tiramos en una playa de Barcelona termina afectando a caladeros africanos, y lo que compramos aquí puede estar destruyendo ecosistemas allí.

Quizás no te importe el problema de la harina de pescado, pero ¿y si te digo que tus capsulas de Omega 3 salen del mismo sitio? La porquería no se destruye, se transforma, y alguna viaja más que tú y que yo.

-La culpa que rieguen con agua contaminada ¿de quién es?

De la población local seguro que no. No tienen otra opción. Deben cultivar para sobrevivir. Luego tienen que vender esos productos a compañías de fuera a precios muy bajos. Estas compañías obtienen más beneficios con esos productos que con los que se cultivan aquí, lógicamente. Te lo digo yo, que mi familia tiene campos de naranjos y es una ruina.

-¿Qué pueden hacer ellos?

Cada vez hay más brotes verdes, personas muy preparadas. De hecho, yo colaboro estrechamente con activistas y profesores de la Universidad así como con la oficina de cambio climático de Gambia y con cofradías de Senegal. Allí hay personas con un conocimiento y una capacidad técnica impresionantes. Otra cosa es la realidad del día a día. Existe una diferencia muy grande entre la costa, más urbanizada, y las zonas rurales del interior. En estas últimas, el alto nivel de analfabetismo dificulta que la población, que es la más afectada, pueda elegir liderazgos con discursos más actualizados. No es que no haya gente preparada. La hay. El problema es que las oportunidades y los recursos no llegan a todo el territorio por igual.

-Primero comer y luego pensar. Es normal. Pero ¿qué se hace desde la Administración? Esos gobiernos desde aquí nos suenan digamos poco fiables.

Te sorprenderías. Gambia fue pionera en 2021 por su ambicioso plan climático para no aumentar la temperatura global en 1,5 °C. Aunque actualmente, para cumplir sus objetivos, necesita apoyo internacional urgente.

-Sin coches, fábricas ni emisiones, lo tienen más fácil.

En parte sí, claro. Pero también son muy conscientes de que quienes viven allí padecen como el que más ese cambio climático que no provocan. A la población local una sequía les deja sin comer todo el año porque seca sus cultivos y mata a sus animales; una tormenta se lleva sus casas hechas de barro… Muy serio.

-Esta experiencia te lleva a crear tu segunda ONG.

En 2016 creé en paralelo BonDiaMon. Surge en parte de mi vivencia con África Stop Malaria. Esas poblaciones a las que les llevamos las mosquiteras necesitan muchas más cosas. BonDiaMon es la entidad donde he desarrollado proyectos ambientales y sociales durante años.

-Siempre con la población local y siempre en África

Estudié una asignatura en la carrera que era Evolución Humana y decía que provenimos de África. Pensé: «Tengo que ir a África una vez en la vida». Pero también aporto mi grano de arena aquí. Ahora, como consultora autónoma, ofrezco servicios en todo el Estado a ayuntamientos, cofradías y empresas que quieren proyectos de impacto real: promoción del pescado de proximidad, recogidas participativas de residuos, formación en alimentación sostenible, creación de alianzas o apoyo técnico para subvenciones. Y, por supuesto, en la Barceloneta.

-Desde el Centre de la Platja

Por ejemplo. Centro de referencia en cuanto a la información y educación ambiental de las playas de la ciudad.

-Tu paso por el Institut de Ciències del Mar (ICM) no me lo imagino cerrada precisamente en el laboratorio

Del 2022 al 2025 trabajé en el ICM en un proyecto europeo relacionado con la restauración del océano, con la meta fijada para el 2030 y con el objetivo de fomentar el compromiso de la ciudadanía. Tuve la suerte de poder trabajar con Josep Lluís Pelegrí. Pero además seguí haciendo de las mías… jeje

– Como la Xarxa Barceloneta.

Desde el ICM conecté personalmente con una serie de entidades del barrio. Hablamos, escuché sus necesidades y actué como una especie de facilitadora de conexiones. Creé la Xarxa Barceloneta, integrada por agentes importantes del territorio como Port Vell, Las Golondrinas, MB92, L’Aquarium, CNAB, Confraria de Pescadors, Fundació BCN Port Innovation, Dortoka, Telpark, Central Arts, Bolseta, Oceanogami, Paisaje Limpio, Belong to Sea y el grupo de Desayunos Itinerantes. Para que no se quedara solo en una bonita pero teórica iniciativa, iniciamos acciones concretas: el Día Mundial del Medio Ambiente, o el Sant Joan Sostenible, que además cuenta con el apoyo del Districte de Ciutat Vella, del Departament de Platges y de la Guàrdia Urbana. Ahora, como consultora autónoma, ayudo a tejer este mismo tipo de redes de colaboración público-privada-comunitaria, porque he visto que es la única manera de que los proyectos tengan continuidad y arraigo.

-¿Esa conexión entre la ciencia y la acción social la llevaste también al instituto del barrio?

Sí, y es uno de los proyectos que más me emocionan. El Institut Narcís Monturiol, ahora Institut de Química i Biotecnologia (IQBB), está aquí, en la Barceloneta. Un día les propuse un reto real: unas mujeres de Gunjur (Gàmbia) me habían pedido ayuda porque una factoría china de harina de pescado (Golden Lead) llevaba años vertiendo aguas residuales a sus campos de cultivo. Cogí muestras de tierra y de agua, las traje en una maleta, y el alumnado de los ciclos formativos de Química las analizó con los mismos protocolos que usarían en un laboratorio profesional. Determinamos pH, cloruros, fósforo, potasio, coliformes… Los resultados mostraban una tierra ácida, con pérdida de nutrientes, compatible con contaminación industrial. Por este trabajo recibieron un premio del Pla de Mesures d’Innovació a l’FP de la Fundació BCN FP.

-¿Y este año habéis seguido?

Este año hemos repetido, y ahora están analizando las aguas con más controles (cadena de frío, transporte adecuado). Lo bonito es que el alumnado aprende que la ciencia no es abstracta: sus análisis pueden ayudar a mujeres que están a 4.000 km y que nunca pisarán un laboratorio. Y, además, esta harina de pescado acaba alimentando peces de piscifactoría que luego comemos aquí. Por eso es tan importante saber de dónde viene lo que comemos, y por qué el pescado de la Cofradía de la Barceloneta es una opción de justicia global.

-¿y el Sant Joan Sostenible?

Se trata de celebrar una verbena diferente: residuo cero, inclusiva y sin alcohol. Además de un programa de actividades para todos los públicos, siempre accesibles, y con resultados cuantificables. Por ejemplo, en la celebración de 2025 se consiguieron evitar 140 kg de residuos. Se trata de vivir una tradición de manera innovadora, combinando cultura, divulgación, deporte, medio ambiente y diversión, con el mar de fondo y un respeto máximo por nuestro entorno.

-También hacéis el Test de POMS

El test de POMS es una herramienta que mide los estados de ánimo a partir de la conexión de la persona con el océano. Consta de 34 emociones que ofrecen una fotografía de cómo te sientes antes y después de, por ejemplo, hacer una salida de paddle surf. Los resultados nunca son los mismos: la puntuación de cómo de feliz te sientes o la de cómo de enfadada o enfadado te sientes siempre cambian. Se produce una transformación emocional: las emociones positivas aumentan y las negativas disminuyen después de estar en contacto con el mar.

-A todos nos gusta el mar

A todo el mundo no, o al menos no igual. Hice una encuesta en la Barceloneta preguntando: «¿Qué es para ti el mar?». Salían: libertad, vida, agua… Hice la misma encuesta en Gambia y salían otros términos: ganancias, pescado, Dios… También hice esa encuesta en Túnez a las personas que estaban esperando la patera para cruzar a Lampedusa. Las respuestas eran: muerte, peligro, olas… pero también había personas que decían Europa y bendición.

– ¿Saben que buscando esa oportunidad pueden encontrar la muerte?

Conozco a muchas personas que lo intentaron. Algunas naufragaron, como Mamadou que perdió la vida en el segundo intento. O mis amigos, Bob y Yusu, que naufragaron y fueron rescatados por un pesquero y entregados a la policía que los acabó tirando a Libia. Hoy están en Gambia esperando reunir dinero para volver a intentarlo. Pero es que allí no tienen ningún futuro.

-¿Nadie vuelve a su pueblo para intentar mejorar esa realidad?

Hay casos. Como la Fundación Kalilu Jammeh en Gambia. Kalilu decidió volver y montó un proyecto agrícola que da trabajo a las personas jóvenes de la zona. También Soly Malamine llegó a España después de varios intentos, estudió, recibió un premio de emprendedoría social en Barcelona y actualmente dirige Abarka Catering, una empresa de catering inclusiva. Junto con Open Arms, Soly impulsa el proyecto Origens en Senegal, todo un referente en formación y desarrollo local.

-Si una ONG de pequeño tamaño puede hacer tanto, ¿qué no podrían hacer las administraciones con sus recursos?

Hacen política de despacho. Sintética, unidireccional. Sin pisar el terreno y sin escuchar a las personas afectadas. Las de allí o las de aquí, como nuestros pescadores y pescadoras.

-Nuestros sufridos pescadores

Nos tendríamos que plantar toda la ciudadanía para reclamar que queremos tener pescado de temporada y de proximidad y no de piscifactoría alimentado con harina de pescado y tratado con medicamentos. Hay que ponerlo en valor, como se ha puesto en valor el plátano de Canarias o la manzana de Lleida. Ahora está en marcha la campaña de Peix de Llotja para la restauración, recomiendo adherirse. La pesca artesanal de proximidad no se carga el mar. Y cada vez son menos. La que se carga el mar es la pesca industrial, que, perteneciente a lobbies poderosos, no se controla y arrasa con el fondo y con el trabajo de las personas pescadoras locales de comunidades costeras.

-Menos salmón y más boquerón

El salmón a día de hoy se cría en granjas masificadas, bien cargado de colorantes, esteroides y antibióticos. ¿Sabes lo mejor que tiene? El marketing.

-Nos lo venden como muy sano en, eso es lo curioso, ¡anuncios que firma el Ministerio de Agricultura y Pesca!

Todo dicho. Somos nosotras, la ciudadanía, quienes decidimos qué comemos, qué vemos y qué escuchamos. Si no lo hacemos, lo hacen otros por nosotras.

-Un mensaje de esperanza, Noemí

En BonDiaMon tenemos una frase que nos gusta mucho: “porque cada día pasan cosas buenas en el mundo, y las que no son buenas -que no nos engañen- las podemos cambiar”.

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