El diario de la Barceloneta no fue un sueño.
Fue una realidad tan viva como lo fue la plaza de toros del Torín o los baños de San Sebastià. Un elemento que ayudó a conseguir que la convivencia entre los vecinos se viera enriquecida a trabas de la prensa escrita a nuestro barrio.
Durante mes de 20 años, el Diario salió a la calle puntual sin fallar ni un solo mes. El anima mater de esta publicación fue Ester Marin, una chica de la Barceloneta -como muchos de nosotros- de familia de pescadores, que un buen día se impuso el objetivo de publicar de forma gratuita un diario donde se pudieran leer las noticias, y los hechos más relevantes acontecidos en nuestras calles.
Los principios fueron muy duros. La Barceloneta es un barrio difícil, la convivencia es muy firme, pero a la vez muy frágil; hay que ir con mucho de Conde -en la hora de publicar- con tal de no herir la sensibilidad del lector.
Ester realizaba a solas esta tarea. Recogía la información, contrastaba las noticias, hacía entrevistas buscaba anunciantes que aportaran financiación, y también, lo más difícil, efectuaba el cobro de la publicidad, finalmente hacía personalmente el reparto de los 5.000 ejemplares. Todo esto que era trabajo por tres o cuatro personas, ella lo hacía a solas. Tuvo que sacrificar oportunidades de desarrollar otros trabajos mejor remunerados para las cuales estaba -de sobra- más que cualificada. Pero el Diario era su vida, un proyecto en el cual había depositado todas sus esperanzas.
No se en qué momento fui consciente de lo importando que era para mí y para la Barceloneta tener prensa escrita al alcance de todos los vecinos, en una época en la cual todo se ya empezaba a comunicarse por Facebook y WhatsApp.
En aquellos tiempos yo colaboraba con algunos medios como freelance: La Vanguardia, El País, El Periódico…le ofrecí mi colaboración y Ester la aceptó encantada. A partir de aquí publiqué cada mes fotografías, y también de vez en cuando algunos artículos con el ánimo de aligerar el trabajo de la directora del Diario, de manera desinteresada.
Los vecinos esperábamos la llegada de aquellas 10 hojas. 20 páginas de noticias de un barrio que no descansa nunca. El Puerto, la playa, las calles, el turismo, el vecindario, comercios, industrias, la especulación, desahucios, ocupaciones y una infinidad de problemas que Ester ponía sobre el papel sacándolos a la luz para que los vecinos pudiéramos opinar, haciendoles participes, a trabés de artículos de opinión o cartas al director.
Llega el Covid-19 y los comercios cierran. La publicidad se para y el diario deja de salir por falta de recursos. Durante unos meses todo muere, incluidas personas -45 a la residencia Bertràn i Oriola-. Cuando vuelve la normalidad, la situación del Diario se precaria. La directora se tiene que buscar algún trabajo para subsistir, y se en esta situación que la asociación Pla Comunitario aprovecha para hacer una propuesta a Ester Marin que, en principio, lo presentan como una ayuda. Se llegó a un acuerdo: Ester Marin continuaría llevando el Diario de la Barceloneta, seguiría siendo la directora, y continuaría haciendo el Diario como antes y la Asociación se encargaría de la administración, cobros, pagos, publicidad, etc. No interfiriendo en el ideario ni en las publicaciones, a cambio Ester recibiría un sueldo.
A pesar de que el contrato era por media jornada, y el sueldo era igual o más bajo que el que se sacaba antes del Covid, no está en condiciones de presionar. Tiene claro que ellos están al corriente de su situación de vulnerabilidad, así que acepta con la condición de que yo forme parte de la nueva junta que seriamos 4 miembros: el presidente de la asociación, una chica que no decía nada, consciente del papel que le tocaba jugar, la directora Ester Marin y yo, Vicenç Forner.
La primera reunión que tuvimos la junta fue para escoger la cabecera del nuevo diario. El presidente presentó 4 opciones por que pudiéramos escoger dejando muy claro que él ya había decidido qué era la más adecuada. También se presentó el diseño de la portada, donde el presi escribiría un artículo que iría firmado con su nombre a pesar de comunicar le que los artículos en portada no van firmados.
Finalmente el primer ejemplar del nuevo diario salió como estaba previsto. Fue todo un acontecimiento.
Cuando estábamos preparando el segundo número fuimos convocados por una segunda reunión. En aquella ocasión el presi adoptó una actitud un poco mis agresiva. Le quiso imponer a la directora el contenido del Diario, a lo que Ester dijo que por aquí no paso. Entonces el presi, -palabras textuales- contestó: “tú eres una empleada, si no haces el que te digo estás despedida y te puedes llevar el Diario, ya haremos nosotros uno”.
La impotencia y la desesperación se apoderó de Ester Marin. Parecía que le habían disparado un disparo en el corazón. Le vi estrechar los puños y con lágrimas en los ojos salió por la puerta, y hasta día de hoy, ya hace 5 años, nadie la ha vuelto a ver.
Está claro que todo ello fue una maniobra del Plan Comunitario para acabar con el Diario de la Barceloneta. Parece ser que la imparcialidad del medio y el hecho de que la información así como su directora no se dejaban manipular, propició su desaparición. Ester Marin intentó ponerse en contacto con la junta del Plan comunitario para explicar los hechos; no lo consiguió, ni tan solo dieron la cara. Pero yo si que les fui atrapando uno a uno por la calle. Les expliqué cómo había ido la cosa. Tampoco me escucharon. Aquella junta no fueron capaces de enfrentarse al presidente alegando que creían su versión, y que tenían toda su confianza, y que, como les habían dicho, la directora no estaba hecha para trabajar en equipo.
El Ayuntamiento del alcalde Collboni finalmente ha hecho limpieza dentro del plan Comunitario y les ha echado a todos, ahora a esperar una nueva junta. Ester Marin finalmente se te ha hecho justicia. Un poco tarde.
Hoy el barrio disfruta de una nueva revista de publicación trimestral: Esencia Barceloneta. En positivo. Donde hoy escrito estas líneas para rendirle un homenaje a Ester Marin y manifestarle el reconocimiento de los vecinos del barrio de LÒstia.









