La Omega-3 de nuestro mar se desvanece

Un reto para la salud en la Barceloneta


Un estudio científico reciente nos lanza una alerta clara y preocupante desde el corazón del Mediterráneo: el suministro local de los esenciales ácidos grasos Omega-3 ha caído más de un 60% en solo dos décadas. Esta es la principal conclusión de una investigación liderada por el Instituto de Ciencias de Mar (ICM-CSIC) de Barcelona, publicada en larevista Food Policy.

La investigación, encabezada por el doctor Josep Lloret del ICM-CSIC, y basada en el análisis de las capturas a la costa de Girona, cuantifica por primera vez esta pérdida alarmante. Los resultados muestran que la cantidad de Omega-3 aportada por la pesca local pasó de 15 toneladas anuales en 2000 a solo 6 toneladas el 2023.

Los culpables de esta bajada son el calentamiento acelerado de nuestro mar y la sobreexplotación pesquera. Especies tradicionales y ricas en este nutriente, como la sardina o la anchoa, propias de aguas más frías, ven menguadas sus poblaciones y su capacidad de producir Omega-3. A pesar de que las capturas de especies de aguas cálidas como la alacha han aumentado, su aportación nutricional no compensa la pérdida global.

Este no es solo un indicador ecológico, sino de salud pública. La Omega-3 es vital para prevenir enfermedades cardiovasculares y neurológicas. Los médicos colaboradores del estudio, Angel Izquierdo y Joan San, alertan que nos enfrentamos a un reto de salud pública, puesto que cubrir la ingesta diaria recomendada será cada vez más difícil.

Y qué pasa con la acuicultura? El estudio también apunta sus limitaciones. Muchos pescados de acuicultura se nutren con harinas y aceites procedentes de pescado salvaje. Además, el pescado criado en granjas puede tener un contenido menor de estos valiosos ácidos grasos que el pescado salvaje.
Frente a este escenario, el equipo científico, coordinado desde Barcelona por Josep Lloret, propone acciones urgentes: reforzar la gestión para recuperar los stocks, diversificar el consumo hacia especies infrautilizadas pero nutritivas y aprovechar mejor los subproductos de la pesca para el consumo humano directo.

El mensaje está claro y nos toca de cerca: preservar la pesca local no es solo cuestión de tradición, sino de seguridad alimentaria y salud. Para una Barceloneta y una Mediterráneo sanas, hay que actuar con urgencia y visión. El futuro de nuestro plato y de nuestro bienestar depende.

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