Lo Pola al NODO
El Cine Marina era una de estas salas enormes con el suelo haciendo pendiente desde la entrada hasta la pantalla, diseñado porque todo el público pudiera ver la película cómodamente, sin que molestaran los jefes de los cuales se sentaban delante. Tenía un aforo de unas quinientas personas entre General y Preferencia.
Mis amigos y yo estábamos sentados a Preferencia, que alcanzaba toda la planta baja. Mi madre prefería que pagáramos dos reales más y no cogiéramos piojos, o peor encara, chinches, del público que más abundaba a General.
Se apagaban las luces. Empezaba con aquella música patriótica.
A pesar de que ya estábamos acostumbrados a sentirla, a todos nos provocaba una profunda depresión. Era lo NODO. Siempre daban el mismo rollo: Franco inaugura un pantano. Franco pescando en Ferrol con el yate Azor. Franco cazando…
Pero aquel día nos esperaba una sorpresa al público del cine Marina que nos dejaría sin respiración:
Un niño español de once años ha sido encontrado cuando intentaba atravesar la frontera de Polonia desde Alemania en treinta kilómetros de Berlín. Al parecer, el pequeño fue dado por desaparecido hace dos años mientras jugaba en la calle en el barrio de la Barceloneta. Antonio Cazorla desapareció junto con otro niño de nacionalidad francesa, que al parecer murió congelado mientras atravesaban el país vecino, según manifiesta el superviviente. Este niño ha demostrado en el mundo la fuerza y tenacidad de esta nueva raza de españoles que, de muy jovencitos, sienten el ansia de aventura que esta nueva España ha inculcado en el espíritu de todos los jóvenes y blablablá…
Poco imaginaban aquellos infelices, tontos de la información, que si el Pola llegó hasta Polonia, fue porque una vez salió de la Barceloneta, no supo volver, y continuó andando con la esperanza que alguien lo reconociera y lo llevara a casa. El que no podía pensar aquel niño con diez años era que tardarían tanto.
Las autoridades de nuestro país, con la colaboración de las fuerzas de la Guardia Civil, se han hecho cargo del niño, junto con la familia de este, a la frontera de la Jonquera, donde las autoridades del país vecino, los han hecho entrega, en un acto emotivo, y de nuevo: blablablá. El Generalísimo Franco se ha interesado personalmente por el estado de salud del chico. Se ha abierto una investigación colaborando ambos países para aclarar los motivos que indujeron a estas pobres criaturas a escapar de casa.
No nos lo podíamos creer, el Pola estaba vivo y, además, era un héroe. El cine entero se quedó mudo. Parecía que estuviéramos poniendo para un cuadro de Goya, nadie movía ni las pestañas. De repente estallaron los “viva” y los aplausos, la gente se volvió loca, se encendieron las luces y poco faltó para que tuvieran que intervenir los antidisturbios. La familia Cazorla, a la cual todo el mundo en el barrio coneixía por los Polas, eran naturales de Roquetas, provincia almeriense. Eran pescadores, el matrimonio tenía cinco hijos, Antonio, el Pola, era el segundo. La madre estaba segura que su hijo había sido raptado para extraerle la sangre. En aquellos tiempos corría el rumor que algunos tísicos adinerados bajaban a menudo a los barrios humildes a comprar sangre para transfusionarse, hecho que aquellos vampiros consideraban tan natural, como lo sería hoy un cambio de aceite, pero que viste desde otra perspectiva más honesta, se asemeja más al tráfico de órganos. Más de un niño había desaparecido con anterioridad, subiendo engañado al coche de un desconocido por el método de: “quieres un “caramelet”, guapo?”. Así pues el caso Pola había estado, según las madres del barrio, un ejemplo claro de que nunca teníamos que hablar con desconocidos. Estaba claro que tendrían que buscar otro ejemplo.






