Desde su creación en 1855, fue un referente a nivel nacional e internacional en el sector industrial. Las mayoría de familias del barrio tubieron a algún familiar en ella trabajando. La Maquinista Terrestre y Marítima ha sido la mayor industria ubicada en la Barceloneta.
Inicios
Hay que remontarse a las primeras décadas del siglo XIX y hacer mención a esos iniciales talleres locales, protagonistas del boom de la industrialización catalana que convirtió a Barcelona en el centro industrial de España.
Ante la necesidad de crecer para poder asumir proyectos cada vez más ambiciosos a la vez que complejos, La Sociedad Anónima La Maquinista nació en 1855 como resultado de la fusión entre los talleres de Valentín Esparó Giralt (Valentín Esparó y Consocios), adquiridos a la compañía Bonaplata en 1839, y la Sociedad La Barcelonesa (Tous, Ascacíbar y Compañía), fundada en 1838 por Nicolás Tous Mirapeix y Celedonio Ascacíbar. A los que se les unieron como principales accionistas Ramón Bonaplata, Josep M.Serra, Juan Güell Ferrer, José Antonio de Mendiguren y Nicolau Tous Soler. Todos destacados miembros de la burguesía
Según indican sus estatutos “La Maquinista tiene por objeto la fundición de metales, construcción de buques, calderas, máquinas de vapor terrestres y marítimas, locomotoras para ferrocarriles, motores hidráulicos, transmisores de movimiento, máquinas para hilados, tejidos y estampados y cuantas máquinas se creyese conveniente”.
Fue en 1861 cuando se construyeron los nuevos talleres en los terrenos que en 1852 había adquirido Valentín Esparó en la Barceloneta, ubicados junto al mar y contiguos a los talleres de maquinaria de los hermanos Alexander y a los baños de Antonio Valls. Las instalaciones tenían una superficie total de 17.500 m².
El valor de estos talleres se cifró en 1.600.000 reales de vellón. Un real de vellón era el equivalente a 0,25 pesetas. O lo que es lo mismo, 1 euro serían 664 reales de vellón. Siguiendo la conversión, la valoración de La Maquinista fue de 2.409 € de los de hoy… ¡pero de hace 170 años!.
Desarrollo industrial
El auge ferroviario e industrial de la época catapultó la producción de la recién creada empresa. En esa época, la sociedad aún mantenía los talleres de la calle Tallers y de la calle San Pablo, pero la producción del nuevo taller de la Barceloneta les dejó rápidamente obsoletos y con una producción residual, hasta su cierre en 1862.
En paralelo a los pedidos para el sector ferroviario e industrial en general, se iniciaron los primeros trabajos náuticos. Inicialmente de reparación y más adelante de construcción de vapores, chalanas y todo tipo de embarcaciones cada vez de mayor envergadura. Lo que obligó a construir su propio varadeo, inaugurado el 3 de junio de 1864. Con él y coordinándose con talleres ya existentes en la zona, como los Talleres Vulcano, podía asumir ambiciosos proyectos navales.
A la fabricación de maquinaria se le sumó la demanda de obra civil, especialmente puentes para la creciente red ferroviaria (en 1884 había en España 70 líneas férreas que sumaban 8,266 km de ferrocarril) y también edificaciones como mercados, destacando la construcción e instalación del Mercado Central del Borne en 1875.
Proyección internacional
La Maquinista era ejemplo de progreso y orgullo de un país que iniciaba un proceso de industrialización del que Barcelona era protagonista. Con presencia en las Exposiciones Universales de Barcelona de 1877 y París de 1889, La Maquinista empezó a recibir encargos también de otros países europeos. Este aumento de demanda obligó a la ampliación de talleres y a una continua renovación de maquinaria e instalaciones.
Hay que mencionar algunos encargos singulares y, por supuesto, innovadores para la época, como el espectacular andamiaje de hierro para levantar la Estatua de Colón, o un novedoso ascensor accionado hidráulicamente. Eran proyectos puntuales que se combinaban con encargos recurrentes y de mayor dimensión como los de la Marina española. En esta época la demanda del sector náutico supera por primera vez a la del sector ferroviario.
Siglo XX
Como suele ocurrir, los movimientos políticos siempre juegan un papel determinante en la economía. La Maquinista tuvo etapas en las que aranceles, tratados comerciales o adjudicaciones y decisiones interesadas afectaron positiva o negativamente su labor. Los inicios de siglo fueron bastante “movidos”. A los vaivenes políticos se añadía el crecimiento del movimiento obrero, con reivindicaciones, huelgas y acciones no siempre pacíficas de grupos anarquistas. También aparece una competencia nacional encabezada por la Sociedad de Altos Hornos de Bilbao.
Unos encargos se reducen y otros nuevos surgen gracias a nuevas “necesidades”. El nuevo alumbrado de gas y eléctrico, el alcantarillado y otras obras civiles requieren hierro. Es en esta época cuando se desarrolla el Ensanche barcelonés.
¡Más buenas noticias! La Maquinista firma un acuerdo con la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante primero y después también con la Compañía de Caminos de Hierro del Norte para cubrir toda la producción de locomotoras. La compañía se posicionaba como un especialista a gran escala en este sector, lo que le garantizaba una entrada continua de trabajo, el interés de inversores y la consiguiente ampliación de capital. En una Europa saliendo de la I Guerra Mundial esta renovada y próspera Maquinista encuentra un mercado necesitado de sus servicios.
Un ejemplo de esta capacidad fue la fabricación de la ”1.400”, una innovadora locomotora de grandes dimensiones, alta potencia, moderno diseño y reducido consumo, fabricada en serie para demandas de decenas de unidades.
Los talleres de Sant Andreu
Las instalaciones de la Barceloneta se amplían para cubrir toda la producción y en 1920 además se construyen unos talleres en San Andreu sobre una superficie inicial de casi 10.000 m2.
En esta época surgen los primeros “ferrocarriles subterráneos”, el Metro que conocemos nosotros. Una nueva y productiva demanda a cubrir por la empresa considerada ya a nivel internacional como el gran especialista en la fabricación de locomotoras. Encargos como el realizado por el Gobierno en 1926 (250 locomotoras, 9.000 furgones y 300 coches, más un plan de obras públicas presupuestado en más de 3.500 millones de pesetas de la época) permite redoblar la producción y ampliar notablemente la plantilla. En 1927 La Maquinista alcanzó su punto máximo de producción, nunca después superado. Sumándose a los encargos habituales otros puntuales como los destinados a las obras para la Exposición Internacional de 1929, entre otros la Estación de Francia.
Tiempos convulsos
Aunque se seguía con una producción aceptable, la Segunda República fue una etapa complicada, con numerosas conflictos laborales y huelgas que no ayudaron a un sector industrial al que se le auguraban malos tiempos. La situación obligó a recurrir al despido de obreros y a las jubilaciones anticipadas.
Lógicamente, la etapa de la Guerra Civil (1936 a 1939) no fue mucho mejor. En la primera fase del conflicto La Maquinista fue declarada “industria de guerra” dependiendo del Comité de Industrias de Guerra del bando republicano, siendo intervenida y colectivizada por la Generalitat. Con la victoria de Franco, se acuerda “reiterar la adhesión de La Maquinista al Movimiento Nacional y al Gobierno del Generalísimo, fijar su domicilio social en Sevilla y no reconocer validez alguna a los acuerdos tomados por los consejos de obreros” de la etapa republicana.
Con el nuevo régimen La Maquinista reanuda su actividad para, como dijo la prensa de la época, “participar en la noble labor de la reconstrucción de España”. Conscientes de la importancia de la empresa en el desarrollo industrial del Estado, el nuevo Consejo de Administración decide contentar a los empleados con incentivos, pensiones y ayudas, también para los familiares de obreros fallecidos en la contienda.
Tras la contienda, reconstruir Barcelona, entre otras localidades, fue tarea prioritaria que requería la participación de La Maquinista, tanto para rehabilitar como para construir nuevos edificios, urbanizaciones, canalizaciones, instalaciones de todo tipo.
Auge del sector textil
Se abre una nueva línea de fabricación muy interesante pero muy diferente a las habituales hasta la fecha. La fabricación de maquinaria textil poco tenía que ver con la producción destinada al sector ferroviario, naval o urbanístico. Para poder cubrir esta demanda se optó por adquirir un taller de Manresa con contrastada experiencia denominado Maquinaria Industrial S.A.
Este lento pero progresivo auge industrial en España coincide con la explosión de la II Guerra Mundial en Europa. Se da una lógica falta de demanda internacional pero también una escasez y encarecimiento de las materias primas.
El fin de la Guerra trae un nuevo escenario mundial. España se integra en el sistema militar occidental y, entre otros, se firma un acuerdo económico y comercial con Estados Unidos que favorece a la industria, y en especial a La Maquinista.
El 24 de mayo de 1947 Franco visita La Maquinista, aprovechando la conmemoración del centenario del primer ferrocarril Barcelona-Mataró en 1848.
En estos tiempos aparece una nueva demanda: las turbinas y motores eléctricos y diésel utilizados en las presas que regularmente se construyeron.
Boom urbanístico
También fueron tiempos de desarrollo urbanístico. Las ciudades crecían y urgía construir vivienda. El Ministerio de Obras Públicas aceleró la realización de mejoras urbanísticas y la construcción de grandes complejos de viviendas. Lógicamente, La Maquinista fue un proveedor clave en este despegue de la construcción.
En 1941 nace la Renfe (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles), entidad creada para nacionalizar los ferrocarriles, que lógicamente se convirtió en uno de los principales clientes de la empresa especializada en el sector. En estos años también creció notablemente la demanda naval, tanto mercante como de guerra.
Empresa centenaria
En los años 50 el barrio se había convertido en una especie de hub industrial en el que coincidían, entre otros, La Maquinista, los Talleres Nuevo Vulcano y los Astilleros Cardona. Todos ellos pioneros y sinónimos de modernidad, que dieron trabajo a gran parte de las familias locales.
El centenario de La Maquinista se celebró en octubre de 1955 con un n extenso programa de actos, tanto en los talleres de la Barceloneta como en los de San Andrés. Entre otros: discurso del entonces presidente de la compañía, Félix Escadas, misa en Santa María del Mar, acto de homenaje a todos los presidentes y directores de la historia de la empresa, recepción en el Ayuntamiento, en la Diputación y en el Monasterio de Montserrat, festivales musicales tanto en el Palau de la Música como en Montserrat, visita del Ministro de Industria y en días posteriores del entonces príncipe Juan Carlos de Borbón.
En 1956 la compañía es declarada “empresa de interés nacional”. En teoría una especie de garantía oficial pero también cierta pérdida de autonomía. Fueron años en los que la economía nacional vivía una fase expansiva, con gran demanda en la construcción, pública y privada, y en el resto de sectores industriales en los que estaba presente la compañía, incrementando a la vez la producción de los cada vez más demandados motores diésel.
Cierre de los talleres de la Barceloneta
Progresivamente, la producción se va pasando a los talleres de San Andrés que se habían construido en 1917. Sus instalaciones eran más modernas, su extensión de más de 100.000 m2 les permitió ampliar superficie sin los condicionantes de la Barceloneta, rodeada de edificios y de mar. Rápidamente alcanzó una plantilla de 3.000 trabajadores mientras en la factoría del barrio se cerraban secciones y se recortaban turnos.
Finalmente, en 1965 los talleres de la Barceloneta fueron desmantelados y se mantuvieron como almacén hasta su derribo definitivo en 1979. Los terrenos se destinaron a viviendas y equipamientos escolares. El arco de entrada de la antigua fábrica aún se conserva.
En 1989 La Maquinista se fusionaba con Macosa dando lugar a la creación de Mediterránea de Industrias del Ferrocarril, S.A. (MEINFESA) siendo adquirida por la multinacional francesa Alstom.
Hacia 1993, los talleres de San Andrés de Palomar fueron desmantelados también trasladándose a las instalaciones construidas entre los municipios de Santa Perpetua de la Moguda y Mollet del Vallés.






