Marcel Cano Soler, Doctor en Ética
Nació dos veces, asegura, una en Narbona qué es el lugar geográfico, y la otra en la Barceloneta, que es donde adquirió conciencia de quién es, quiénes son los suyos y cuál es su barrio (¡sin que no deje de amar un poco el Languedoc también!).
Con disortografía y discalculia, siendo un mal y studiante, no está mal llegar a ser Doctor en Filosofía y reconocido especialista en éticas aplicadas. Lo que hace mucha falta en los tiempos que corren.
-Bon jour, Marcel.
Mejor Buenos días. Nací en Narbona, Francia, pero con menos de un año llegué a la Barceloneta. Mi padre es francés y mi madre nació en la Barceloneta, como mi abuelo y otras generaciones de mi familia. Éramos una familia de clase trabajadora, de la calle Vila Joiosa. Una familia que siempre me ha amado. Para mí, la mejor.
– Buenos días, pues, Marcel.
A los 15 años, mi mundo estaba en el barrio, en la playa, en el club, jugábamos en el Takatá y en fútbol. Cuando teníamos 15 años, nos mudamos a Narbona por actividades laborales, pero siempre veníamos a la Barceloneta para pasar las vacaciones, hasta que a los 18 volví definitivamente.
-Dificultad con Lenguas e idiomas, entrenamiento complicado…
El tema escolar de pequeño fue complicado, tanto es así, que todas mis notas eran como un código binario: todo ceros y unos. Era un estudiante desastroso.
-Lo dice un docente universitario.
Para que tuviera buenas notas hacía falta que se cumplieran dos condiciones: primero, ¡que la asignatura me interesara y segundo que el/la profesor/a me cayera bien!
-¿Cuándo cambia?
En Francia hice FP de jardinería, el orientador de la escuela me pidió lo que me gustaba y le dije que la Naturaleza. Entonces fui a estudiar esta materia que resulta que acabó gustándome mucho: creatividad y algunos rudimentos básicos de ciencia aplicada. La escuela estaba en Castelnaudary, a 90 Km de Narbonne. Al terminar los dos años quería seguir hacia una ingeniería, pero la escuela estaba aún más lejos, en Pau. Entonces mi madre me dijo, para ir tan lejos, volviera a Barcelona, con mi abuela, ¡lo que a mí me hizo muy feliz!
-¿Estudios de jardinería en Barcelona en los años 80?
Esta cuestión fue un choque: la única escuela en la que se estudiaba jardinería era la de Montjuïc y, en aquella época, el docente del centro me dijo que lo que yo había estudiado era mucho más avanzado que lo que hacían allí, que era muy básico. Pero tuve suerte ya que se produjo un hecho que me abriría nuevos horizontes: me convalidaron los dos años de FP por primero de BUP y me matriculé en nuestro Instituto Joan Salvat Papasseït.
-¿Con ceros y otra vez?
Fue complicado… hablaba catalán obviamente, pero no lo había escrito nunca (de pequeño fui a la escuela francesa de Barcelona), matemáticas y física de BUP… Junto con la disortografía y la discalculia no fue fácil, pero coincidí con profesores fantásticos.
-Tu condición: ¿que te cayera bien el profesor/a?
Esta suerte incluye haber conocido a Salvi Turró Tomàs, él me abrió las puertas de la Filosofía. Descubrí un nuevo mundo. Gracias a él, estudié la carrera en la UB, donde lo volví a tener como profesor.
– Qué coincidencia.
Pues más. Un amigo del barrio: Joan García Serrano, Juanito para nosotros, biólogo y docente en la UPC me animó, aprovechando mis intereses por la Naturaleza, a aplicar los conocimientos de la Filosofía en temas ambientales y tecnológicos. Hice un posgrado con la doctora Margarita Boladeras. Fue mi primera tutora de tesis (junto con Norbert Bilbeny ). Más tarde, Juanito de nuevo, me presentó a un grupo de ingenieros y científicos que daban clases e investigación en la UPC en la Cátedra UNESCO en Sostenibilidad de la UPC, en Terrassa. Era un equipo realmente único. Teníamos alumnos de todo el mundo, y ahora, una guindilla extraña en Filosofía.
-Además, profesor universitario.
De la cátedra, colgaba un master internacional y un programa de doctorado…. Impartía temas de Ética aplicada a la sostenibilidad, la tecnociencia y de Bioética, que en los años 90 no sabía mucha gente qué era.
-Pues en el 2026, yo tampoco se muy bien que es.
Es una disciplina que nace en los años 70 y en la que se creen la Filosofía, el Derecho o la Antropología con las Ciencias BioMédicas , pero también trabaja temas ambientales o sociales. Además, siempre va ampliando su alcance, por ejemplo con la NeuroÉtica.
-¿Y qué es la Ética?
Hay mucha bibliografía y libros al respecto, pero yo siempre procuro abordarla como reflexión crítica y racional sobre la moral, los prejuicios, nuestras acciones. Requiere siempre: fundamentar, argumentar y justificar.
-¿Por ejemplo?
Desde pequeños siempre nos han dicho «eso no se dice» o «eso no se hace». Llega un momento que debemos preguntarnos «¿por qué?» y sobre todo, “¿por qué no?”. Qué motivo tiene esta prohibición. Qué consecuencias tiene, a quién afecta, qué intereses hay detrás del “no”. ¿Por qué no es posible?
-Y ese “por qué no”, es un ejemplo típico de los niños enojadores.
Pues todo el mundo debería practicarlo. Hay acciones que llevamos a cabo porque siempre ha sido así, por lo que se consideran correctas simplemente por que las hemos heredado, y las seguimos sin más. Si las normas morales arraigadas en la sociedad o la cultura, acaban generando injusticias, se basan en prejuicios o excluyen a colectivos enteros, no debemos obedecerlas. El siguiente paso es preguntarnos cómo debemos comportarnos, cuáles deben ser nuestros principios, a quienes perjudicamos oa quienes favorecemos… es decir, reflexionar en profundidad, poner en marcha nuestro pensamiento crítico.
-¿Pensamiento crítico?
Y hay dos tipos: lo bueno y lo malo. Como el colesterol. Lo malo es el «no por qué no», y ya está. Lo bueno argumenta, se abre al diálogo y al debate, se modifica, se adapta.
-Me interesa lo bueno.
Podemos pensar que no se puede construir una guindilla de hierro que pueda volar. ¿Por qué no? porque pesa toneladas y no puede volar, lógicamente. Pues alguien se lo cuestionó, creó un avión y hoy nos parece normal que haya aparatos que vuelen
O, vivíamos en un mundo en el que las personas no podíamos decidir sobre la propia vida y la propia muerte, pero alguien se replanteó el derecho a decidir sobre qué es vivir y morir con dignidad y ahora tenemos, después de múltiples debates éticos, sociales y políticos, una ley (Eutanasia) que nos permite decidir por nosotros mismos. La moral establecida decía que no podíamos hacerlo. nos preguntamos “¿por qué no? y el resto es historia.
-Hablemos de la Inteligencia Artificial.
De momento (y parece que así va a seguir aunque podemos pensar que se va a perfeccionar mucho más), la IA es “un loro algorítmico”, como la definió un investigador.
-O sea, no puede pensar por sí misma.
Hay quien sostiene que lo hará en el futuro. O sea, que podrá hacerse la pregunta de «¿y por qué no?». Pero no está claro que esto ocurra, pero todo apunta a que se quedará en ciencia ficción. Ahora la IA es una herramienta revolucionaria que ya veremos hasta dónde llega. En la historia humana ha habido muchas revoluciones técnicas que lo han cambiado todo, empezando por el fuego o la escritura.
-¿Destruirán puestos de trabajo?
Hay argumentos neoliberales que avalan que los transforma, que destruirán muchos pero también crearán algunos que ni imaginamos todavía. ¿Pero la pregunta es para cuánta gente? ¿Serán trabajos todos bien remunerados o incrementará la gran precariedad que ya tenemos?
-¿El algoritmo no es de fiar?
La tecnología nunca es neutral, y ésta menos. Detrás siempre existe un interés comercial o de otro tipo. Ya lo dijo Melvin Kranzberg, investigador de la tecnología en los años 60: «la tecnología no es ni buena ni mala, pero nunca es neutral».
-Si os paz, un consejo para joder a la IA.
Je je. Haz como los niños. Repita insistentemente «¿y por qué?» y se bloqueará .
-El “¿y por qué?” ¿me sirve también para cuando escucho a los políticos?
En estos tiempos de polarización, más que nunca. Desconfiamos de las verdades absolutas. Yo puedo estar más de acuerdo con A que con B, pero en el momento en que sólo crea que sólo hay B, me transformé en un fanático, en un dogmático.
-¿Y no es precisamente lo que quieren?
Utilizan realidades simplificadas que te dan una versión masticada y simple de problemas complejos. No nos lo planteamos y no exigimos explicaciones. Esto es lo que ellos, di partidos o empresas, persiguen: nuestra polarización.
-Polarizado eres más fácil de manipular.
Vótame, cómprame, consúmeme, pero no pienses mucho.
-Quien no piensa, no sufre, decían.
Al revés. Los nuevos procesos vitales, sociales, laborales, se aceleran al igual que se aceleran los procesos como el transporte o la fabricación. No hablo de una evolución positiva. Esa aceleración nos impide pensar. Tu vida se acelera y tienes que hacer cada vez más, ser más productivo y consumir cada vez más hasta que te sobrepasa y petas.
-Stress.
Salud mental… Esta forma de vida nos enferma y, encima, nos dicen que la solución está sólo en nosotros, nos hace responsables únicos. Depresiones, trastornos, enfermedades,… ¡El consumo de ansiolíticos y antidepresivos aumenta exponencialmente, especialmente en jóvenes!
– ¿Qué nos aconseja el filósofo?
Primero, saber que no estamos solos, que somos seres sociales, que debemos compartir con los demás nuestras inquietudes y luchas, como hacían nuestros abuelos, en la plaza del barrio, en la peluquería o en la taberna. Socializar. Yo hago deporte desde joven. Es lo que siempre he inculcado a mi hija. Además hay que reivindicar «nuestro» waterpolo, el social y el máster que encontramos en el CNAB, por ejemplo.
-¿Aconsejas ir al bar?
¡No soy demasiado de bares! Pero cuando vamos con calma, nos sentamos en la mesa o la barra con nuestros amigos/ as para preguntar cómo nos va, cómo se encuentra la madre enferma y, sobre todo, escuchándonos, hacemos lo que de verdad importa.
Se trata de tener un punto de encuentro y diálogo, puede ser la mejor terapia. Se puede hacer en cualquier sitio, pero en el barrio todavía quedan algunos bares de los de antes para charlar.
-Pues apago la grabadora y vamos tomarnos algo en uno de ellos.








