Consumir pescado de temporada y de proximidad no es una simple nostalgia de pescadores

Hoy, los supermercados nos han acostumbrado a una ficción: la de la disponibilidad perpetual. Queremos lubina en julio y sardinas en enero, lo que se consigue llevando el pez de la otra punta del mundo o criándolo en instalaciones industriales. Y lo pagamos caro.

Como ciudad, Barcelona se ha fijado el objetivo de descarbonizarse. No tiene sentido quemar combustible para llevar pescado congelado desde el Índico mientras las barcas de la Cofradía descansan en el puerto. Consumir pescado de temporada y de proximidad no es una simple nostalgia de pescadores y pescadoras; es el acto más revolucionario y coherente que podemos realizar contra la emergencia climática.

Y hablemos de la acuicultura. Nos la venden como la «revolución azul», pero esconde un desastre debajo de la alfombra. Para alimentar estas granjas es necesario pescar toneladas de pescado salvaje. Perú es el ejemplo más claro: líder mundial en harina de pescado, elabora casi exclusivamente con su anchota, la prima hermana de nuestra anchoa, para exportarla como pienso a la acuicultura del norte global.

Así, mientras vaciamos el mar de unos para llenar los platos de otros, las comunidades pesqueras artesanales de Perú, Senegal o Bangladesh agonizan. En Gambia, las reservas naturales aparecen contaminadas, las pescaderas se quedan sin trabajo, y los pescadores compiten entre ellos por unos peces cada vez más caros para la población local. El resultado: inseguridad alimentaria en un país en el que el pescado era la principal fuente de proteína. Todo para sostener a una industria que se vende como ecológica mientras hincha los bolsillos de grandes empresas.

Defender el pescado de temporada es, por tanto, defender el oficio de la gente del mar de aquí, es luchar contra el fraude de la sostenibilidad low cost y es, en definitiva, volver a conectar con el ciclo natural que hace que cada producto tenga su momento.

 

Noemí Fuster.

Doctora en Biología. Investigadora y Divulgadora. Presidenta de la ONG Bon dia Mon.

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