Los lavaderos

En los años 50 y 60, la mayoría de los pisos de la Barceloneta carecían de agua corriente o la tenían de depósito, y no teníamos lavadoras. Por tanto, los lavaderos y las duchas públicas eran la mejor alternativa.

Los principales lavaderos eran:

 

Recuerdo que los Sábados y Domingo me iba a duchar en la calle Atlántida, con el inolvidable olor a champú de huevo o brea. Dª. Camila y Sr. Juanito cobraban 15 pesetas, con la toalla y la ducha. En mi casa estábamos todos chicos y yo tenía que acompañar a mi madre a los lavaderos para ayudarle a llevar la ropa. Me gustaba el olor a lavadero de barrio. Todavía puedo sentirlo.










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